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A PUNTO DE CUMPLIR 40

… Hace 10 años mi vida no tenía NADA que ver con lo que es ahora. Realmente soy yo, quien no tengo NADA que ver con la persona que era entonces. 

 

Tenía un trabajo fijo de 8 horas (con mínimo 1,5 horas extras al día)en el que iba prosperando. Una pareja, mascotas, 15 días de vacaciones, que los empleaba para hacer algún viaje largo si el año se prestaba y había ahorrado lo suficiente, gracias a los trabajillos que hacía los fines de semana. Veía a mis padres todos los días y disfrutaba de mi independencia en un alquiler. 

 

La vida perfecta para haberme ido de casa con 22 y cumplir los 30.

Sin embargo…

Mi vida era un caos. Me encontraba en una profunda crisis de identidad, sin rumbo ni dirección, aunque en ese momento yo, ni lo sabia. 

Algo empezó a fallar en mi interior, no me encontraba bien, había ciertas dolencias que a pesar de tener una vida buena (para lo que nos han metido en la cabeza) en mi cuerpo esta vida no cuadraba y cuerpo empezó a pedir un reset. 

Y  vaya si lo pidió!

Fué tras un problema en el trabajo, cuando me dijo basta y tras un enfrentamiento con una de mis jefas, mi cuerpo no pudo resistir más emociones calladas y petó, terminando con una operación de urgencias esa misma noche.

Ese año, de repente apareció en mis manos un artículo del KAIZEN (ahora se escucha mucho, pero antes no era así) y al investigarlo, caló tanto en mi, que esa navidad me lo tatué, sin que nadie lo supiera. 

Fué en ese momento cuando  empecé a darme cuenta de lo que sucedía, pero solo era la punta del iceberg. 

Sentía que no estaba viviendo a mi máximo potencial y que las decisiones que tomaba no me acercaban a mis sueños. Asique decidí romper con todo y mudarme de ciudad a 600km.. mi inmadurez emocional pensó que al cambiar de ciudad ya todo iría a mejor, había dando un gran paso! ya era una gran MUJER!!.. angelito mío, pienso hoy. 

Aunque he de reconocer, que fué aquella decisión la que me llevó al fondo del fango y de este, no había más cohones que salir p`arriba.

Entonces me embarqué en un viaje de autodescubrimiento y transformación. Un viaje que me llevó a explorar el mundo del desarrollo personal, la gestión del cambio y la comunicación efectiva.

Comencé a desarrollar mi inteligencia emocional. Aprendí a observar y escuchar de forma activa, no sólo las palabras, sino también las emociones, las necesidades y los deseos de los demás. Esta habilidad me permitió comprenderme mejor a mí misma y a las personas que me rodeaban, creando relaciones más fuertes y significativas.

Estudié y evolucioné mi forma de comunicarme. Cambié la impulsividad por la respuesta consciente, y la crítica por la empatía. Aprendí a expresar mis ideas y necesidades de forma clara, asertiva y no reactiva. Esta nueva forma de comunicarme me permitió resolver conflictos de manera eficaz, fortalecer mis relaciones y vivir una vida más plena.

Y cuando parecía que todo iba a mejor.. llegó la pandemia y con esta la apertura de otra brecha, la laborar. 

La pandemia me hizo darme cuenta que parte de mi inestabilidad física y emocional venía de mi profesión. Y de nuevo, surgió la rotura. La vida me pone delante la opción de dejar la imagen personal, la medicina-estética y la formación tal y como la conocía para entrar en un mundo totalmente nuevo, que me haría caer en otra gran crisis durantes los 2,5 años siguientes.

El gran reto entonces fue: Aprender a gestionar la incertidumbre.

Comprendí que el cambio es una constante en la vida y que la resistencia al mismo solo genera dolor. A través de la autoobservación, la fotografía con el móvil, la creación de rituales (hoy miss Acciones potenciadoras) y la adaptación de diferentes herramientas,  aprendí a abrazar, la incertidumbre como parte del camino y a enfocarme en las posibilidades que cada cambio traía consigo.

En este momento te preguntarás. 

¿Y esto qué tiene que ver conmigo?
 
Con 22 años en Amsterdam

La respuesta es simple: el cambio empieza por cada uno de nosotros.

Estoy convencida, que muchos de vosotros os está pasando como a mi, que iba en piloto automático, haciendo las cosas, no porque las sintiera, sino porque tocaba, para quedar bien y porque mi entorno así se mantenía tranquilo,  sin pararme a reflexionar sobre lo que estaba realmente haciendo con cada minuto de mi vida, sin saber que podía superar esos miedos que me tenían paralizada, que eso que durante toda la vida habia creido sobre mi, no era cierto  y que para ello NO era necesario un gran cambio a lo loco, mas bien un hacerme cargo de cada pequeña acción de cada minuto de mi dia de forma realmente consciente. 

 De que todos tenemos el potencial de transformarnos, de superar nuestras limitaciones y alcanzar nuestras metas. Y que la gestión del cambio y la comunicación efectiva son dos herramientas esenciales en este proceso.

Por ello miss 3 grandes preguntas para ti son: 

¿Qué áreas de tu vida te gustaría transformar DE VERDAD?

¿Qué mentira te estás contando para no alcanzar tus metas?

¿Hasta qué punto te mola tu papel de víctima?

Recuerda: El cambio es posible. Con las herramientas adecuadas y la ayuda adecuada,  puedes superar cualquier obstáculo y alcanzar el éxito que deseas.

 

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